sálvese quien pueda

Sálvese quien pueda

Desesperanzado y bajoneado. Si no fuera por todas las personas que a diario luchan, protestan, proponen y buscan una mejor ciudad para vivir, para trasladarnos y para disfrutar, hace ya unas semanas que hubiera dejado la bicicleta en espera de que el óxido la abrazara por completo.

El hilo negro se descubrió hace ya muchos años, las soluciones están ahí, a dos clics de distancia; los datos también. ¿Qué hace falta? Voluntad, voluntad, voluntad.

La llegada de una nueva administración pública a la ciudad me llenó de esperanza.

Los nombramientos en la Secretaría de Movilidad me emocionaron: “ahora sí vamos a ver grandes transformaciones en la ciudad”.

También acepto que es mi responsabilidad anhelar resultados en poco más de tres meses de trabajo y que dentro de la dependencia hay gente dándolo todo de sí para lograr esa ciudad que queremos.

Pero no puedo más con la indolencia y el cinismo institucional. Ese que ha permitido que el mes pasado siete ciclistas hayan sido asesinados mientras se trasladaban y que, en ningún caso, exista un viso de justicia, una detención, avances en la investigación, un comunicado…

Al contrario, la SEMOVI anunció cambios al Reglamento de Tránsito, entre los que se incluyeron la reclasificación de 11 avenidas para permitir velocidades de 80 kph (ya rectificaron que sólo serán 8).

No importa que el “ahorro de tiempo” sea mínimo; que el aumento en el riesgo de morir por un impacto a esa velocidad aumente drásticamente; que mientras se intenta desincentivar el uso del auto a nivel global, aquí se les aumentan los privilegios (subsidio a la tenencia).

No importa que tanto el secretario como el subsecretario defendieran durante años la disminución de velocidades y el fomento a modos de transporte más eficiente: la caminata, la bicicleta, el transporte público.

Y surgen chispazos: una protesta organizada en menos de 24 horas que reunió a más de 100 personas en Insurgentes Sur; una Valla Ciclista para exigir que se respete la ciclovía confinada de Calzada de Guadalupe, al norte de la ciudad.

Pero en el día a día –y cada vez con mayor frecuencia– me encuentro automovilistas que agreden y acosan a personas en bici (incluyéndome) sólo porque pueden.

Automovilistas pasándose semáforos en rojo porque se saben impunes; estacionados en banquetas y ciclovías dispuestos a “partir madres” a quien ose reclamar el mal uso del espacio y la socarrona cantaleta, cada vez más común, de “háblale a la policía” con ese cinismo de quien sabe que no llegará, que no existe autoridad, ni castigo, ni empatía… ¡Sálvese quien pueda!

La Valla Ciclista al norte de la ciudad tuvo buena cobertura mediática, sin embargo, los reporteros decidieron redactar las notas mostrando lo “temibles”, “violentos” y “agresivos” que fueron los ciclistas.

Quienes –de acuerdo con notas y mensajes en redes sociales de los mismos reporteros– “acorralaron”, “detuvieron” y “hostigaron” a los pobres automovilistas estacionados dentro de la ciclovía.

Esa narrativa que fomenta el encono va muy acorde con el discurso oficial en el que los automovilistas son incomprendidos (todos tenemos prisa) y deben mimarse, incluso a costa de la seguridad de peatones y ciclistas. Entonces, Andrés, Rodrigo, ¿sálvese quien pueda?

Mientras tanto, seguimos de pie, luchando por un mejor lugar para todas las personas. Gracias a quienes no se dejan vencer y motivan a seguir pedaleando.

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