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Mapapo y la cicleteada de las niñas

Cuando a la chilena María Paz Castillo “Mapapo” le preguntan a qué se dedica se ve obligada a resumir su treintañera vida de trotamundos en algo así como:

“Productora de eventos, escritora compulsiva que recién va a sacar su primer libro, redes sociales de grupos de viajeras, repartidora de comida en bicicleta y editora ejecutiva de una revista de música de un lugar de Santiago”.

Un poco de todo, pero “Mapapo”, como le dicen, sobre todo se piensa mujer.

Foto: Wilson Contreras

El 2018 fue un año clave para ella. Quiso viajar sola en bicicleta por Sudamérica, así que buscó a la única mujer en Santiago que se dedica a arreglar bicis para aprender mecánica básica.

A pesar de las críticas de activistas ciclistas hombres que consideraban “que los estaba discriminando”, Mapapo y la bicimecánica idearon juntas talleres exclusivos para mujeres como una forma de promover que más mujeres pedalearan o tuvieran una forma de ser autónoma.

La asistencia fue grande, al menos 80 mujeres llegaron con curiosidad, pero el ambiente que se generó en sus redes –donde administra la Comunidad Viajar Sola (ciclistas o no) y las conecta con una red articulada de aliados que ayudan a que lleguen seguras y que comparten sus experiencias para quitarse miedos– fue imposible.

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Foto: New Indie

A muchos de sus críticos había que hacerles entender que hay chicas que tienen una bici en casa y no se atreven a salir porque saben que por la ropa que lleven o por donde vayan las van a agredir. Y entonces decidió hacer algo.

“Parece que estamos destinadas al espacio privado. Desde chicas dejamos de jugar y ocupar el espacio público porque es peligroso.

“Por eso quería que niñas de siete y ocho años de edad anduvieran por el centro de Santiago en bici, era niñas que jamás ni por asomo podían hacerlo”, dice orgullosa.

La crisis del espacio público

Según ella, hay actualmente “una crisis de espacios públicos” para que los niños en general jueguen, pero atender a la situación de las niñas contribuye no solo a empoderarlas sino a crear ambientes más seguros.

“Mientras más mujeres sepamos de mecánica no tenemos que caer en el papel de la princesa en desgracia. No necesito más que mis piernas y mi saber para tener autonomía y libertad de moverme”, es el mensaje que quiere dejar en claro, sin descuidar la cruda realidad.

“No es decir no pasa nada, porque en Lationoamérica pasan cosas  horribles, pero si no lo enfrentamos seguirán pasando. Aún hay esperanza compañera”, dice muy sonriente en una videoconversación desde Argentina, hasta donde ha ido a dictar conferencias sobre Rodadas de ciclistas sueltas, proyecto que comparte con un juego de palabras con el término que se usa como sinónimo de “casquivanas”.

Nos mintieron

Alrededor de 100 personas, la mayoría niñas acompañadas de sus mamás o tías se reunieron en el centro de Santiago en septiembre de 2018.

Son números pequeños, comparados con las 10 mil personas que acuden a las rodadas chilenas más populares.

Pero son niñas y sonríen felices de rodar por primera vez en la calle o con sus primas o con más mujeres al lado.

“Todo fluye, nadie se enoja y no hay problemas, así que uno dice nos mintieron, la calle no es insegura por sí misma, la testosterona es el problema”, asegura.

A la rodada de ciclistas sueltas llegan decenas de mujeres, algunas de la cuales cuentan que no habían nunca pedaleado de noche, que siempre tienen que andar al paso de los hombres en los otros grupos o que reciben acoso, comentarios indeseables, condescendencias paternalistas y violencia mientras ruedan.

Mapapo misma no tuvo nunca una bicicleta de niña y hasta hace 10 años compró la primera, y que no soltó más y que tuvo que dejar resguardada en Cancún a su regreso de su gran viaje por la región.

De andar en bici por necesidad pronto se ligó al grupo Bicipaseos patrimoniales, que se reunían los domingos en las mañanas en el centro de Santiago para promover recorridos por la ciudad contando anécdotas históricas y pronto su entusiasmo la hizo acabar de líder.

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Foto: Cortesía de Mapapo Castillo

Para el  2015 acudió a su primer Foro Mundial de la Bicicleta en Medellín y empezó a armar redes, talleres por doquier y a proponer ideas locas, como postular a Chile como sede del FMB siguiente.

Lo logró y ya inmersa en la organización general tuvo un accidente que pese a su gravedad, no pudo sacarla de circulación.

“Le seguí pero tuve reuniones así tipo Frida Kahlo, de ir en camilla a la junta y hasta al bar”, cuenta ahora más aliviada pero igual de irredenta.

Ahí comenzó su paso por estos congresos ciclistas que aspiran a tener representación mundial, pero para muchos resulta más enfocado en lo regional.

A México vino con una charla sobre la bicicleta y el trabajo, a Lima con el proyecto Viajar Sola.

Este año, en Quito, además de participar con la Cicletada de las Niñas, es una de las artífices junto a Laura Villacís de Quito y Lala Pasquinelli, de la orientación feminista del Foro y de la creación de la Comisión de Mujeres y Disidencias, el motivo de discordia con algunos activistas cuyos ataques llegaron al punto de propiciar su exclusión.

Deuda civil

El Foro Mundial de la Bicicleta es para Mapapo un terromoto que a nadie deja bien parado.

Por experiencia propia sabe que sirven para presionar y obligar a los gobiernos a responder, para visibilizar problemáticas, para crear lazos (o no) entre activistas, pero “a nivel de organización en Chile quedamos todos divididos, todos peleados entre sí.

“La experiencia en todos lados creo que es así, pero en términos de comunicación sí han sentado precedentes en los lugares en los que se organizan”.

A la hora de discutir los beneficios para la comunidad puede que haya que aceptar que la huella se queda solo entre activistas y que hay una deuda con la sociedad civil que no asiste al foro.

Por eso ha insistido mucho que la Cicletada de las niñas, a celebrarse el proximo 27 de abril, 6 pm, en el Parque El Ejido, sea un evento fuera del foro para que vayan niñas que no tienen que ver con el activismo y se animen a hacerlo porque no están solas.

Quito es uno de los lugares de Latinoamérica en el que menos mujeres andan en bici, la violencia contra niñas es fuertísima.

Y aunque las expectativas de convocatoria son bajísimas, ni cientos ni miles, eso a Mapapo solo le parece un número.

“Lo importante es que la forma de trabajo pueda ser replicable a varias partes. A veces basta con conocer a otras personas para atreverte a hacerlo” dice.

Hay que hacer actividades para gente más joven, hay temas que ellos ya traen como obvios como la violencia. Y sí, hay que hacer un cambio importante en lo medular.

Responderse preguntas como: ¿En el mundo del ciclismo cuántas organizaciones hay de mujeres? ¿Cuántas son validadas? ¿Cuántos clubes de hombres pueden estar activos porque tienen esposa cuidando hijos? ¿Cuántas pueden hacer lo mismo sin ser consideradas malas madres? ¿Cuántas cuando acaban su relación con activistas dejan de ser activistas?


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