Manu seguirá pedaleando

Los ciclistas poblanos se cansaron de llorar a Manu

El miércoles 21 de noviembre murió atropellado el director de gestión de la movilidad de la ciudad de Puebla, Emmanuel Vara Zenteno, Manu. Su muerte conmocionó a los ciclistas de la capital poblana y de todo el país y activó a los políticos para responder a la urgencia de legislar sobre seguridad vial.

A un mes de su trágico asesinato, el espíritu contestatario de este joven urbanista de 28 años “sigue rodando” por la 4 poniente, gestando una re-evolución nada silenciosa. Sus amigos ya no lo lloran; lo homenajean con orgullo.

Pinta en la calle donde Manu perdió la vida. Se hizo el mismo día en que falleció, durante la colocación de la “bici blanca” en su honor. 

Puebla de Zaragoza. Salida de la Central de Autobuses. El taxista da vueltas por la cuadriculada traza de la ciudad de Puebla tratando de esquivar el tráfico de las dos de la tarde. Se regresa, toma otra ruta, busca atajos, pero no puede hacer mucho. Nos advierte que habrá que esperar, que no nos desesperemos. ‘Así es aquí’, dice.

Llegamos a una avenida con un extraño Mini Segundo Piso de fierros blancos, una especie de clon de ‘la ciclopista del Peje’, horriblemente confinada y de uso recreativo que se extiende por la avenida Atlixcáyotl.

Los ciclistas poblanos la llamaron ‘la ciclovía más cara del mundo’ pues el gobierno de Rafael Moreno Valle dispuso 640 millones para construir 30 kilómetros, a casi 35 millones de pesos por kilómetro.

Sin proyectarse en Plan de Movilidad alguno, ésta fue una de la cuatro ciclovías elevadas que Moreno Valle construyó entre 2014 y 2017, todas sin la aprobación popular, todas concebidas bajo la “crisis de gobernanza” que caracterizó su administración, todas excluyentes del peatón y hechas con la idea de que el ciclista debe ir por las banquetas.

Tal vez por eso el ciclista y activista Armando Pliego Ishikawa distingue entre esos kilómetros de “ciclovías elevadas” y la infraestructura a ras de calle, “que es de casi 26 kilómetros de ciclocarriles, que aunque desconectados o muy angostitos, han logrado incrementar a 60 mil los viajes diarios en  bicicleta, 1.9 por ciento del total de viajes” en la capital de mole.

Armando forma parte de Cholula en Bici y es representante del Consejo Ciclista Poblano, organización que ha logrado en tan solo seis 6 años posicionar los temas ciclistas en la agenda del Ayuntamiento local y sacar a rodar al menos a 800 ciclistas cada viernes por la noche en el Zócalo poblano.

Armando ha seguido de cerca la evolución del movimiento ciclista poblano desde que, en 2013, el panista Eduardo Rivera llegó con el ambicioso plan de construir 60 km de ciclovías en “lugares estratégicos” del centro de la ciudad.

Para él, apenas un 8 por ciento de lo planteado se hizo realidad, pero irónicamente, uno de esos caminos construidos por Rafael Moreno Valle– la ciclovía de la 4 Poniente– lo llevó a conocer a Emmanuel Vara Zenteno.

Ésa que es “quizá la ciclovía mejor diseñada y con menos oposición popular”, según los ciclistas locales, fue diseñada y supervisada por Emmanuel, como directivo del Instituto Municipal de Planeación, al que llegó entusiasta en 2016 para dar rienda suelta a su pasión por planear ciudades más amables.

Trágicamente es el mismo camino que estuvo a punto de tomar antes de que lo embistiera un autobús de transporte público de la Ruta 11 y lo matara esa mañana de noviembre cuando se dirigía al trabajo.

Esa ciclovía de la 4 poniente, con todo y sus bolardos de piedra, nos lleva en una noche helada de diciembre a un concurrido departamento del centro.

El depa social

Esta reunión ocurre en un edificio histórico de la 4 Poniente. Es el departamento que Emmanuel compartía con sus amigos cercanos Claudia Orea Berra, Miguel Vélez y su pareja Sofía Corona Brandt. 

Está también José Luis Escalera, director de Profética, el centro cultural y gastronómico donde se juntaban todos los jueves.

No ha dejado de ser un espacio concurrido; “el depa social”, como lo bautizó Sofía, ha sido siempre así desde que Manu llegó a él en 2016, “cuando (Rafael) Moreno Valle construyó la ciclovía de Hermanos Serdán y despidieron a Ari Valerdi, un aliado de los ciclistas poblanos que estaban en contra de esa cosa en el Instituto Municipal de Planeación, e invitaron a Manu a trabajar ahí. 

“Él se vino a vivir al centro a ocupar el puesto de Ari en el contexto de las manifestaciones contra la ciclovía”, recuerda Armando.

Hasta entonces Manu era un apasionado ciclista de Cholula que se unía a las rodadas multiuniversitarias que organizaba el colectivo ciclista local, comandado por Giovanni Zayas. Gracias a esas redes ciclistas, Manu había encontrado trabajo como dibujante en un despacho de arquitectura, en el que destacó por su entusiasmo y pasión.

“No solo le apasionaba el tema de la ciudad, sino el de la bici. La traía tatuada en el brazo izquierdo y en un collar de metal. Lo veías siempre así, inseparable literalmente hasta la muerte de una bicicleta blanca Fixie que se mandó a hacer hace unos años”, rememora Giovanni Zayas, en una llamada desde Londres, donde actualmente cursa una maestría.

El collar y el tatuaje se los ha puesto Sofía. El collar sobresale de sus ropas, el tatuaje me lo enseña con pena. Aun está un poco rojo y tiene moretes alrededor. Supongo que fue lo menos doloroso que le ha pasado en los últimos días, pues una infección intestinal la ha llevado al doctor y malabarea las pastillas que debe tomar cada hora. Aún así está serena.

No hay tristeza cuando hablan de Manu. “Hemos llorado tanto que estos pequeños momentos de platicar, decir y contar y recordar todas esas cositas en las que sigue ahí para todos nosotros… Se ha detenido el mundo de una u otra forma y todos aún esperamos que aparezca y diga Qué onda, amigos“. Entonces Sofía despertaría de ese mal sueño en el que presintió su accidente, como relató al Huffington Post.

“Manu no se hizo mártir; se hizo leyenda, esto apenas comienza para nosotros”, dice Armando. La ofrenda en la pared, con coloridas flores pintadas, fotos y retratos de pareja, además de figuritas de ciclistas y floreros, permanece en el pasillo principal como el santuario donde se ha hecho una promesa irrenunciable: lograr una ‘pedagogía de la calle’.

Poco a poco un anecdotario de aventuras harán a todos reír al hablar de su amigo de 28 años, que vivía a plenitud, era feliz y altruista, de espíritu contestatario en las calles pero de hablar amable y tranquilo con el que podía convencer a cualquiera.

Para su novia era un “romántico y amoroso” que le enseñó a pedalear en un parque, que tardaba horas en vestirse y arreglarse, y que era capaz de regresarse otra media hora si le decía que sus calcetines no le combinaban.

Para sus amigas: un “hombre feminista” que “hacía las labores propias de su género”, como ir por las chelas, taladrar o colgar repisas y hasta ayudarlas a convencer a sus necios padres sobre controvertidos temas de movilidad. Para sus amigos: un gran compañero de chelas, luchas y gestiones, un bailarín divertido e incansable hasta la madrugada y un hábil conversador.

“También tenía un don para matar plantas al tratar de transplantarlas”, ríen todos.

Este es el retrato hablado de un hombre feliz, que soñaba una ciudad incluyente donde pudieras comer helados sentado en la banqueta de cualquier calle, que molestaba a sus amigas porque “no le daban” tanto a la bici y que no le gustaba que lo discriminaran porque le puso freno a su Fixie, que por cierto “se mandó a hacer a la medida y con todos sus gustos” luego de que le robaran la suya en el biciestacionamiento del Implan, apenas al llegar a vivir a Puebla.

Recordarlo es homenajear su vida

Entre todos los presentes comenzaron a compartir anécdotas que describen la personalidad de Manu y su compromiso por mejorar convivencia vial en las calles de Puebla:

“Él antes tenía coche. No era cochista pero tenía uno y un día tuvieron que venderlo. Tenía un primo en Estados Unidos que tiene bastante dinero y le da mucho a la bici y estaba vendiendo una para comprarse otra y le dijo ‘Te la dejo en dos mil pesos’. Así se empezó a mover en bici”.

“Su primer viaje fue de su casa a ver a una novia que tenía en la recta de Cholula y dice que llegó tan cansado y le dolía tanto el trasero que le pidió permiso a la mamá de la novia para quedarse a dormir porque ya no podía pedalear de regreso. Le dije: Ajá, a mi no me engañas joven”.

“Llevábamos saliendo como dos meses y me dijo Esto no va a funcionar si no andas en bici. Dije Buenooo. Nos fuimos a un campo de futbol y así hasta que aprendí, pero no sabía nada. Me tomó un día aprender, pero todavía me pone muy nerviosa”.

“Cuando él llega a Puebla lo empecé a ver mucho en el Implan, siempre me lo encontraba en la tardes y se comenzó a dar eso de ir por unas chelas a Profética, que era nuestro lugar favorito. Comencé a jalar a Manu a nuestros jueves de profética y ya luego nos decía vamos al depa y veníamos acá. Se volvió una familia grandota.

“Tenía una forma de mostrar a la gente que estaba mal hablando. Hablaba mucho. Yo soy más aguerrida, de vamos a rayarles el auto o de gritarles. Y él me decía Es que la gente así no va a reaccionar, tienes que hablar con ellos y explicarles por qué están mal.

Una vez íbamos caminando en el centro y había una moto estacionada en la banqueta en un Oxxo. Era de unos promotores de Tecate y se acerca con uno de ellos y le dice Oye ¿es tu moto? La puedes mover por favor, estás estorbando en la banqueta, ahí hay un estacionamiento.

Y el tipo le dijo deja de estar chingando. A Emmanuel le encantaba subir cosas a redes y comenzó a grabarlo, se voltea le toma una foto y empieza a escribir y el tipo lo empuja cuando se pone el verde. Yo empujé al tipo a la pared, me puse muy ‘crazy’ y él vio lo que había una patrulla que estaba ahí, se acerca y les pide ayuda y resulta que el tipo no tenía ni licencia, ni placas, todo mal. Y era siempre eso, decía  Es que estás haciendo las cosas mal y las tienes que hacer bien porque si no va a haber consecuencias. Pero siempre muy ecuánime, dialogando con la gente.

Una vez que estaba en la bici y le estaban pitando porque estaba ocupando todo el carril se orilló en el semáforo y le dice Oye no se si sepas pero yo puedo ir en todo el carril. Y el vato o morra le empezó a gritar y él Wow, nomás te estoy explicando que también es mi derecho.

Era más bien creativo. Una vez, veníamos regresando del centro a la oficina, que está justo donde la ciclovía elevada, y veníamos sobre la 4 y venía un coche invadiendo la ciclovía que era más ancha porque hay una parte bidireccional y era una señora y le dije Vamos a decirle algo. Y Manu dice, No checate esto. Y empieza a pedalear hacia la camioneta, se barre frente a ella como si apenas la viera  y actúa como espantado y le dice Oiga señora esta en la ciclovía y yo vengo por acá. Y la señora se puso muy nerviosa y al querer salirse le pego a un bolardo horrible del susto que Manu le dio.

¡Siempre hacia eso! Había veces que caminábamos por la calle y fingía que no venía a los autos que estaban sobre el paso peatonal y se estampaba con ellos y les decía Es que estás en el paso peatonal, pues no te vi.

Me dijo amigo me voy a mandar a hacer una Fixie y va a ser ¡la bici! Y así estuvo meses, como seis. Ya que se la dieron resultó que el cuadro no era blanco como quería sino negro. Le quedaron re mal, fue como seis meses de pelear. Cuando recién la tenía, me escribió varias veces, me caí de la manera más pendeja, afuera intentando abrir la puerta. Se cayó varias veces, se raspaba, en lo que le agarraba la onda.

Activista y funcionario

Su huella está por toda la ciudad, coinciden colegas y amigos. Incluso su nombre rubrica la ciclovía de la 4, justo en los carriles frente al Mercado de Sabores, a unos pasos de la bici blanca que cuelga del poste de entrada de la parada del metrobús donde le arrebataron la vida.

A pesar de haber llegado a enfrentar el descontento ciclista y vecinal de los costosos proyectos morenovallistas, Manu tenía ya larga historia en el activismo ciudadano.

Fue parte organizadora del Congreso Nacional de Peatones, que se hizo en San Pedro Cholula en 2015 y también promotor del proyecto de apertura de la Vía recreativa de la Recta, que abrió a la ciudadanía una de las calles más peligrosas y mortales de la ciudad para convertirla en un espacio para las personas el ultimo domingo de cada mes.  

2015. Manu en una comida con parte de las personas que hicieron voluntariado en la primera edición de la Vía Recreativa Metropolitana (Cholulas – Puebla)

Ya como director de gestión de la movilidad, una de las tres direcciones de la Secretaría de Movilidad local. O como director de diseño y banco de proyectos del Implan o como acivista de Cholula en Bici, Manu siempre miraba al futuro.

“En el proyecto de la nueva secretaría que empezamos a planear mientras estaba en el Implan, él iba a ser director de Espacio público, una nueva dirección que haría que la actual Secretaría de Movilidad se convirtiera en la Semovep, es decir Secretaría de Movilidad y Espacio público.

Él quería ser proyectista, es lo que le gustaba, solo que trasladado a la infraestructura para la ciudad, no solo de movilidad sino de parques y jardínes y generar lugares de encuentro”, asegura Armando Pliego.

Para Manu la bici era parte de un sistema más grande para crear una ciudad pensada en las personas y sus necesidades.

“Nunca platicamos si se imaginaba como secretario o diputado, pero sí tengo claro que él quería participar siempre de estas discusiones y hacer proyectos”.

Manu nos dejó tarea por hacer

Con todo y sus 46 kilómetros de vías ciclistas, andar en bicicleta en Puebla sigue siendo un volado. Hay quien recuerda todavía anécdotas de hace diez años cuando los automovilistas le gritaban a los ciclistas ¡Súbete a la banqueta! y les aventaban el auto.

Y aunque hoy ya no te gritan, Puebla sigue siendo el estado con más muertes por incidentes viales, 447 este año, según datos del Sistema Nacional de Seguridad. Peatones y niños son los más castigados por la intransigencia de los automovilistas.

Otros como José Luis Escalera y Armando Pliego creen que hay un avance muy notorio en cuanto a considerar a la bicicleta dentro de la agenda pública.

“Ahora entienden y es  más del conocimiento público que la bici va en la calle y los que se oponen a las ciclovías no lo hacen a andar en bici. Dicen que no nos quiten un carril, pero que los ciclistas compartan la calle. Eso ya es avance”.

¿De haber tenido tiempo, Emanuel habría sido el político que pusiera un alto a la proliferación de autos en Puebla?

“Sí, sin pedos”, es el grito unánime en el depa.

Es Miguel, su amigo poeta, el que pone el dedo en la llaga. “Más que el político de tu pregunta sería el maestro de políticos”, que les enseñaría que “hay que hacer una pedagogía de la calle, educar a través de la palabra: qué pasa y cómo se hace uno responsable de su movilidad”.

De izquierda a derecha: Armando Pliego, Miguel Vélez y Manu.
Foto tomada del FB de Miguel Vélez.

¿Podremos los ciclistas urbanos, a veces también inmersos en la autodefensa y sobrevivencia en las calles, responder asertivamente en esta guerra por el carril derecho?

¿Cómo nos preparamos para “convencer” a los otros de sus erróneos y perjudiciales hábitos de movilidad? ¿Cuál será la generacion de ciclistas “que haga

todo para que la ciudad sea para todos”, incluso civilizarse a sí misma?

Manu se ha vuelto icónico por las peores razones posibles. “Esto sólo acaba de empezar”, dicen sus cercanos. Lo constataron ese miércoles por la noche, cuando cientos de personas se juntaron y gritaron su nombre tan fuerte que acallaron los cláxones de los neuróticos.

“Su nombre lo va a conocer mucha gente que jamás lo conocieron, su ejemplo es inspirador y con potencial para contagiar a mucha más gente y no dudo que muchas cosas grandiosas se van a hacer en su nombre”.
En este departamento recordamos la palabras de Pablo Piceno, Premio Joven de Poesía Elías Nandido 2018: “…aquí no está Manu pero está aquí suspendido en un tiempo, multlipicado por miles, pedaleando por ti, tú pedaleándoles por dentro”.

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