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El falso debate de la micromovilidad en México

Bloquean rampas para personas con discapacidad, estorban el escaso espacio peatonal, son un peligro para las personas a pie cuando se conducen en banquetas y, para colmo, son privados que obtienen ganancias económicas por utilizar el espacio público.

Además, son conducidos por personas sin capacitación alguna, de madrugada, a “exceso” de velocidad, en sentido contrario y han ocasionado la muerte de…

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En la imagen, monopatines eléctricos MOVO y una bicicleta sin anclaje Mobike en la Ciudad de México.

Depende de qué vehículos hablemos, de unos (monopatines eléctricos) sólo se tiene el registro de una muerte en España; de los otros (el automóvil) el promedio asciende a 16 mil muertes al año… sólo en México.

La irrupción de nuevos modos de transporte urbano de la nombrada micromovilidad ha generado una serie de discusiones en todas las ciudades donde se implantan las bicicletas “dockless” o los patines eléctricos, por mencionar los dos más escandalosos.

Los detractores de estos nuevos modelos han llevado el debate a “los riesgos que implican para los peatones” porque, como mencionamos arriba, bloquean rampas, estorban, lucran con el espacio público, etc… exigiendo regulaciones y prohibiciones para “evitar hechos que lamentar”.

De acuerdo con la Encuesta Origen Destino 2017, más del 65% de la población que vive en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) realiza, cuando menos, uno de los tramos de sus viajes diarios a pie.

Micromovilidad o la última milla

Generalmente los viajes a pie son los conocidos como “La Última Milla”, es decir, los últimos tramos para llegar a un destino (casa, trabajo, fonda de la esquina, etc…)

Las innovaciones en micromovilidad justamente le facilitan la vida a ese 65% de la población, reduciendo significativamente el tiempo y esfuerzo que le representan estos viajes y, en algunos casos, evitando viajes en auto particular o taxi.

Hace unos días en la Ciudad de México, una persona que viajaba en un patín eléctrico fue asesinada por un automóvil a las 4:00 am.

La respuesta oficial, en otras palabras, fue que sólo quienes tienen auto tienen derecho a disfrutar del espacio público en las madrugadas.

Que la renta de patines y bicicletas compartidas debe tener un horario “por seguridad”, “para no arriesgar a sus usuarios”, reafirmando que en esta urbe, quien tiene la prioridad es la gente que se mueve en automóvil.

El falso debate al que nos han llevado los detractores de la micromovilidad en realidad es la defensa a ultranza del uso del automóvil. ¿Por qué?

Porque la situación generada por estas innovaciones (que son positivas para la ciudad) se zanjaría generando espacios seguros para compartir las calles.

Bicicleta Mobike

Por ejemplo, una calle donde la máxima velocidad sea de 30 kph resulta segura para peatones, ciclistas, automovilistas y cualquier otro modo de transporte (como patines eléctricos).

Una calle iluminada pensando en las personas a pie resulta mucho más segura para todas las personas que una iluminada para el tránsito vehicular.

Una calle en la que usuarios de patines, bicicletas y otras opciones de movilidad “lenta” (por decirle de alguna forma) se sientan seguros es una calle en la que los peatones no sufrirán del estrés generado por la convivencia con estos modos.

Pero para lograr esto es necesario bajarle a los privilegios otorgados al automóvil.

Necesitamos quitarle espacio para generar lugares seguros a otros modos de transporte (incluyendo carriles libres para transporte público).

Que se cumpla el Reglamento de Tránsito para evitar hechos de tránsito fatales.

Banquetas dignas (colocando los puestos ambulantes en lugares que actualmente son cajones de estacionamiento, por ejemplo) para que la gente se sienta segura al caminar.

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