Bicis sin anclaje

Bicis sin anclaje: La feroz guerra por las banquetas

Había demanda y supieron poner la oferta. Las apps mexicanas de bicis sin anclaje y patines demostraron que hay una avidez de nuevos modos de transporte en la ciudad y que son negocios viables, aunque tan avanzados que su operación desafió la burocracia de la SEMOVI.

En tan solo seis meses que estuvieron a prueba en las alcaldías Benito Juárez y Miguel Hidalgo, estas tres aplicaciones lograron atrapar entre todas a 200 mil suscriptores, registrando un millón y medio de viajes. Algunas con 150 unidades y otras con mil iniciaron operaciones durante seis meses, aunque para ello se prepararon durante un año.

En el Recuento de scooters y bicis en la Benito Juárez de 2018 de Céntrico aparecen incluso con aumentos constantes en las calles y un pico de 25 a 35 por ciento que en noviembre se desploma por completo. Según estos datos las plataformas de bicis y patines compartidos sin anclaje lograron quitar dos por ciento de usuarios a Ecobici y sirvieron incluso en labores de mensajería.

En sus gráficas de enero hay puras Ecobici (incluyendo su versión eléctrica) en las calles de la demarcación, pero en abril, cuando entran las VBike, “estas suben a un 10.6 por ciento y al final se queda en 7 por ciento. Ecobici bajó de 24 a 22 por ciento, o sea que dos por ciento de sus usuarios se pasaron a VBike.

“Como a Mobike le pidieron salir de la Benito Juárez ahora está en cero, pero llegó a 5 por ciento durante el año. Grin subió 3 por ciento, es decir hay más scooters compitiendo con las bicis sin anclaje en las calles”, resume el consultor de Céntrico Xavier Treviño.

VBike enfrentó el reto de que sus bicis no se quedaran en Benito Juárez, pues estas se fueron alejando a Iztacalco, Tlanepantla, Xochimilco. Por eso tuvieron que contratar más gente y a una agencia de seguridad (Altamex) para la recuperación de unidades en las periferias, como dijeron en noviembre sus emprendedores CEOS, muy preocupados por no ser considerados “unos empresarios rebeldes que se quieren expandir a donde no pueden”.

“Más que sentir que lo rebasamos (al gobierno) queremos ir de la mano, hemos brindado informes y no queremos saltarlo. Vemos más positivo que haya emprendedores que quieren invertir en la ciudad”, dijeron los emprendedores mexicanos cuando Cletofilia les preguntó si habían pisado callos en Ecobici.

¿Quién le metió el pie a las bicis compartidas?

¿Que pasó entonces? ¿Tendrán Vbike: las bicis verdes de Federico Polakoff, Dezba, las eléctricas de Federico Reck y los patines Motum, de Rodrigo Bejarano su revancha este 2019? A juzgar por los decomisos de sus unidades que emprendió esta semana la alcaldía de Miguel Hidalgo, no.

Parece que no fueron los robos hormiga ni el “secuestro” de las unidades ni el vandalismo lo que logró pararlas. Ni siquiera la falta de personal para operar eficientemente o la incertidumbre de lineamientos que les dejó la transición, sino una campaña vecinal y mediática que los acusa de “apropiación de banquetas” lo que ha logrado tirar una de las ideas más disruptivas de la movilidad sustentable a la que aspira la CDMX.

Como ocurrió en China: la paranoia social por el caos que genera la ubicación de las unidades en las banquetas es el desafío a resolver.

Por mientras, sabemos que la reunión de las apps mexicanas con el nuevo gobierno ya ocurrió y fue inédita. Todos sentados en la mesa, los mexicanos, los Mobike y sus 200 mil usuarios y hasta Uber, que llegará con su servicio de bicis eléctricas Jump a imponer sus prácticas gandallas y agresivas ya de todos conocidas. Había preocupación en la sala.

El proceso de regulación está en marcha y se quiere encontrar la manera de que el gobierno no pague el negocio de empresas privadas y que éstas no socaven el bienestar publico.

Está la propuesta de que las apps costeen estaciones definidas y señalizadas, como VBike ya lo hizo en Mazatlán, donde operarán con un sistema de biciestacionamientos con totems y señalizaciones en el piso, mismo que se replicará en Los Mochis y Culiacán.

También se habla de hacerles pagar a la ciudad 150 pesos por bicicleta (unidad), pero si esto se aprueba podrán cobrarlo solo hasta el siguiente año, cuando lo incluyan desde el principio en el Código Fiscal de la CDMX.

¿Son entonces un complemento al de por sí ya caótico sistema de movilidad capitalina o un problema más a resolver en la convivencia diaria en las calles?

Lo único medible –porque ellos mismos se niegan a dar datos de su operación y viajes origen destino–  es que estas apps vinieron a representar una opción de viaje corto para un usuario de entre 18 a 35 años que está listo para dar el salto a modos de transporte alternativos y que demanda moverse hacia las periferias y no solo dentro de un polígono límite.

De no haber reglas adecuadas probablemente estos complementos a Ecobici dejarán de funcionar pronto, porque todos (Mobike entre ellos) serán afectados por esta política restrictiva.  

Para los estudiosos de la movilidad “está en peligro la existencia de opciones de servicios compartidos por la paranoia social. Y no es un tema de proteccionismo sino de promover ecosistemas competitivos”.

Para los que queremos dejar de ensuciar nuestro entorno y movernos seguros debe preocuparnos que se inhiba este tipo de emprendimientos pues ya muchos lobos cochistas disfrazados de ovejas peatonas están ganando peligrosos adeptos.

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