Apps de movilidad, ¿éxito gracias a un Estado débil?

En los últimos años hemos visto el crecimiento de “emprendimientos” de apps de movilidad.

Vagonetas con rutas fijas a las que “les haces la parada” desde la comodidad de tu teléfono, bicicletas que encuentras en diversas partes “sin anclaje”, monopatines, empresas de redes de transporte (taxis por aplicaciones), aplicaciones para pedir “lo-que-sea”, entre otras.

En la Ciudad de México cada nueva innovación es un exitazo en sus primeros meses.

La gente defiende estas nuevas opciones y se hacen de un nicho de mercado fijo sumamente rápido.

En cierto sentido esto es maravilloso, las opciones crecen, se fomentan alternativas de transporte más sostenibles que el uso de un auto particular y se generan empleos.

Pero… siempre hay un pero.

Dejando a un lado el tema laboral: son personas sin prestaciones, sin seguridad social ni laboral, con jornadas de hasta 24 horas para sacar “el gasto”, etcétera.

El gran éxito de estos emprendimientos surge por el abandono del gobierno al transporte público, a la movilidad activa, a la seguridad vial y personal. Vámonos por partes:

Abandono al transporte público

La famosa Ruta 100 fue lo más cercano que tuvimos en la Ciudad de México a un sistema integrado de transporte y después de que el gobierno abandonara este esquema y dejara que quebrara, se pasó al esquema de concesiones “hombre-camión”.

Así el gobierno se desentendió de temas como calidad de servicio, seguridad e incluso, rutas, generando un ente poderosísimo conocido como el “Pulpo Camionero”.

Jetty, opción de transporte bajo demanda.

Así apps de movilidad como Jetty, Urbvan y Bussi han logrado hacerse de un mercado que sufría a diario sus traslados por el pésimo estado de las unidades, la poca capacitación de los operadores y la nula calidad de servicio del transporte público de la ciudad.

Falta de interés a la movilidad activa

Organizaciones como Bicitekas llevan más de 20 años impulsando el uso de la bicicleta en la CDMX y si bien se han logrado grandes avances, la realidad es que las administraciones de la ciudad no han estado a la altura de las necesidades.

Tenemos, por ejemplo, el sistema de bicicleta pública ECOBICI que ni ha crecido lo necesario, ni está planteada su expansión en el corto plazo, además de quedar rezagada ante las innovaciones tecnológicas.

apps de movilidad
Jump, la empresa de bicicletas sin anclaje que compró UBER y que comenzó a operar en la Ciudad de México en agosto de 2019.

Ante este escenario, empresas como Mobike, Dezba y JUMP irrumpieron (o están por llegar) el mercado, demostrando que hay muchísima gente dispuesta a cambiar sus hábitos de transporte si encuentran opciones a su alcance.

Disminución en la seguridad vial y personal

La ciudad sigue creciendo, la motorización aumenta y las calles y avenidas se convierten en zonas hostiles.

Salir a la tienda representa un riesgo personal (te pueden asaltar, violar, matar con total impunidad) y atenerse a la violencia vial (te pueden atropellar, aventar el auto, puedes tropezar en banquetas en pésimo estado).

Aplicaciones como Rappi, Uber Eats y Didi, por mencionar solo tres, han encontrado en este miedo fundado una oportunidad de negocio ante autoridades sin capacitación, indolentes, ciegas ante la hostilidad urbana del día a día.

¿En verdad queremos que se regulen estos servicios privados? Se puede empezar por retomar los puntos arriba expuestos, un gobierno que realmente decida fortalecer su transporte público, la seguridad en las calles y la movilidad activa.

Desincentivar el uso del auto jamás va a suceder si no se toman acciones firmes aunque parezcan impopulares.

Para colmo, estamos ante una emergencia climática global que amenaza con destruir la vida como la conocemos hasta ahora. En serio, es ahora o nunca.

Y no me malinterpreten, no es contra los “emprendimientos”, es una crítica al gobierno actual que sigue queriendo tapar baches en vez de solucionar los problemas de movilidad desde raíz.

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