Si piden respeto, respeten

Si piden respeto, respeten I

Por: Ari Santillán

El pasado 25 de octubre crucé Av. Reforma a la altura del Auditorio Nacional para recorrer 141 metros en el carril que deben compartir los autobuses de transporte público (incluida la línea 7 del Metrobús) con quienes nos trasladamos en bicicleta. Mi intención era dar vuelta a la derecha en la calle Julio Verne, en el corazón de Polanco.

amaban las bicicletas

A las 18:46 horas tomé el carril para, segundos después, ser abordado por un policía de tránsito en motocicleta.

–  ¡Quítate pa’llá! Me gritó el oficial.
Al voltear a verlo, también vi que una camioneta marca Mercedes Benz, plateada se me acercaba peligrosamente.
– Mejor saca a la camioneta que no puede ir por aquí, le respondí.
– No se me da la gana, ¡quítate! Me respondió el policía de tránsito.
– No se me da la gana y yo voy en mi carril, contesté.

El semáforo que marca el cruce entre Reforma y Julio Verne cambió a rojo y me detuve. El policía se me acercó y me exigió, una vez más, que me quitara para dejar pasar al auto particular que tiene prohibido circular por ese carril. Intenté decirle que la camioneta no podía circular por ahí “ni aunque venga el Papa arriba”, ironicé.

Si quieren respeto, respeten

El de la moto fue a “acusarme” con otro policía que controlaba el pesado tránsito para evitar embotellamientos en el crucero; el policía -éste vestido con camisa blanca- se acercó y me espetó un “¡ya sácate a la verga!”, intenté explicarle que yo no iba circulando en falta, que era la camioneta de atrás que el oficial de blanco “confundió” con una ambulancia:

“Mira, no dejas pasar a la ambulancia”, me dijo.

Si piden respeto, respeten

Tenía mi celular en la mano, con la cámara prendida para fotografiar las arbitrariedades de nuestra autoridad, a lo que el policía de blanco decidió tratar de arrebatarme mi teléfono y tomar mi bicicleta para aventarla a la banqueta.

El policía de blanco dio el paso a las dos motocicletas de la policía de tránsito que escoltaban a la camioneta Mercedes mientras me gritaba: “¡Ábrete a la verga, pinche chamaco caguengue!” También elevé mi voz, denunciando su arbitrariedad y abuso de autoridad.

Terminó llegando otro oficial a “calmar las aguas” y mientras trataba de calmar a su compañero y me intentaba explicar que “pos la prioridad la tienen los coches porque mira nomás el tráfico”, el policía que intentó arrebatarme el móvil y aventó mi bici decidió darse a la fuga como el más miserable de los cobardes.

Si piden respeto, respeten

“Si piden respeto, respeten” es una de las máximas en una sociedad civilizada. Pero, ¿cómo podemos respetar una autoridad que decide cuándo sí y cuándo no, con quién sí y con quién no respetar las reglas que nos hemos impuesto como sociedad para llevar una mejor vida?

Si piden respeto, respeten

En la camioneta Mercedes iban dos jóvenes de alrededor de 30 años que se burlaron cuando el policía me jaló y aventó mi bicicleta. ¿Qué privilegios gozan para no respetar el reglamento de tránsito, para utilizar elementos de la policía para su beneficio particular, para aventar su camioneta a un ciclista, para llegar más rápido a su destino?

En muchas acciones de activismo pro movilidad sostenible hemos convertido en aliados a los policías, mostrándoles que también estamos dispuestos a defenderlos cuando un fulano decide que le vale madre la autoridad.

El problema viene de más arriba, de esos mandos tan cortos de miras que dan la orden de “abrir” el carril bus-bici de Chapultepec al tránsito motorizado para “aminorar la congestión vehicular” sin ver que ponen en riesgo a los ciclistas; esos mandos que ofrecen servidores públicos para escoltar autos particulares y dan la orden de pasar sobre todas las leyes y sobre todas las personas para evitarle el tráfico a quién sabe quién.

Esos mismos mandos que permiten que los autos particulares invadan el carril confinado de Paseo de la Reforma sin ver que afectan a las miles de personas que se mueven en transporte público ni a los cientos de ciclistas que corremos el riesgo de ser arrollados por una persona desesperada tras un automóvil.

Son esos mandos de mierda de la policía los que tienen a los oficiales en calle sin credibilidad ni respeto alguno por parte de la sociedad, esos mandos de mierda que provocan confrontaciones como la que narré arriba, generada porque uno de ellos dio la orden de escoltar ese vehículo particular y pasarse por el culo el reglamento de tránsito por el que deberían velar.

Esos mandos de mierda por los que para algunas personas es fácil ofender, agredir e incluso golpear a los policías de calle. Todos sabemos que la corrupción hace labor titánica limpiar a nuestra policía; ¿estamos dispuestos a seguir viviendo así?

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *