Noble Rabia

La noble rabia

Por: Ari Santillán*

“Realmente, no sabían un corno,
pobrecitos,
creían que libertad
era tan solo una palabra aguda,
que muerte era tan solo grave o llana,
y cárceles, por suerte, una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre”.

-Hombre preso que mira a su hijo. Mario Benedetti.

Voy rodando sobre mi bici negra, rodada 700 y cuadro caprichoso; voy organizando mi día, mis pendientes en el trabajo, pienso en mi familia y sonrío. Un automovilista pasa a centímetros de mí, me desbalanceo pero no caigo, siento cómo me regresa la sangre al cuerpo y cómo mi pupila vuelve a la normalidad mientras sigo pedaleando. Paso a su lado y sólo veo cómo vuela un espejo retrovisor.

“La culpa no era exactamente de ellos,
sino de otros más duros y siniestros.
Y estos sí,
cómo nos ensartaron en su limpia república verbal,
cómo idealizaron la vidurria de vacas y estancieros”.

Sí, me encabroné; la rabia inundó cada poro de mi cuerpo: ¿Cómo es posible que a alguien le parezca divertido pasar así de cerca de un ciclista?, o peor, ¿cómo puede alguien operar una máquina de 2 toneladas a más de 40 kph sin prestar atención a su entorno?

“Uno no siempre hace lo que quiere,
uno no siempre puede…”

La rabia es uno de esos sentimientos universales: todos la hemos conocido en carne propia, sentimos cómo sube por todo nuestro cuerpo y las reacciones muchas veces son inútiles. ¿A caso ese conductor sin espejo pensará en no volver a aventarle su auto a otros ciclistas?

“Una cosa es morirse de dolor y otra cosa es morirse de vergüenza”.

Llevo unos días pensando si la rabia envilece o ennoblece. No lo sé, pero sí creo que quienes nos hemos montado en el activismo ciclista, lo hacemos porque no queremos que al otro le pase lo que nos ha pasado o lo que hemos visto que les ha pasado a otros.

Pensamos en la mamá que lleva a su hijo a la escuela, en el obrero que pedalea de regreso a su hogar, en la hija, el sobrino, la amiga, el abuelo, la tía, en Yoselín, en Mario, en Jorge, en Mariana y en todas esas personas que han muerto trasladándose en bicicleta por nuestra ciudad.

“Uno no siempre hace lo que quiere,
pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”

Encaminemos la rabia, esa rabia colectiva que sentimos, esa rabia ante los oídos sordos de una autoridad cínica a la que 16 mil muertes en accidentes de tránsito parece importarle poco, esa rabia que nos invade cuando una persona egoísta decide bloquear una ciclovía para su comodidad, esa rabia que nos ata y coarta nuestra libertad, esa rabia sincera y noble.

Gritemos, berreemos, moqueemos chillemos, maldigamos, lloremos:

“Son macanas que los hombres no lloran,
aquí lloramos todos.
Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos.

Porque es mejor llorar que traicionar,
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llorá, pero no olvides”, diría Benedetti en el mismo poema con el que inicio.

*Ari Santillán, coordinador de proyectos de comunicación en CityEs!

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